Hace una semana los fanáticos del político Andres Manuel Lopez Obrador mejor conocidos como “los amorosos” agredieron al columnista de el diario El Universal, Ricardo Aleman, hace quince dias lo hicieron con Carlos Loret de Mola a su llegada a Televisa, ayer lo hicieron con el columnista y director de Milenio Diario, Carlos Marin.

En estas campañas electorales hemos visto muchas contradicciones, jóvenes que piden en las redes sociales que los medios no manipulen sin embargo retocan fotos para cambiar la realidad, inventan cuentas falsas de periodistas y medios de comunicación, escriben mentiras y engañan a la gente, y piden libertad de expresión pero agreden a columnistas que su trabajo precisamente es dar su opinión, no ser objetivos.

Preocupante y grave es esta intolerancia para quien piensa diferente.


A continuación la columna de Ciro Gomez Leyva para Milenio Diario del día de hoy.

La agresión de los “pejistas” a Carlos Marín

Carlos Marín regresaba de una comida al edificio de MILENIO. Cruzó a pie la avenida Juárez, en medio de las personas que se dirigían al Zócalo para asistir al cierre de campaña de Andrés Manuel López Obrador. Algunos lo reconocieron y saludaron. Otros, unos 50, lo rodearon para insultarlo. Uno de ellos le escupió dos veces en el cuello.

Marín los enfrentó, discutió, alzó la voz, mientras caminaba por Balderas. Los insultos no pararon. Cincuenta “valientes demócratas de izquierda” contra un periodista con 44 años de oficio.

Lo fácil sería concluir diciendo que, por fortuna, no pasó nada. Sí pasó. Este tipo de conductas son comunes desde el verano de 2006 y se multiplican en los momentos de tensión política. Es violencia contra la prensa. Hay grupos que se sienten con derecho pleno para agredir periodistas: porque no vieron el “fraude” de 2006, porque señalaron los métodos gansteriles del SME, porque opinan en Tercer Grado, porque difunden encuestas con cifras que no les gustan. Esos son los pecados.

Agresiones que no serían entendibles sin la inagotable invocación de López Obrador sobre los medios y periodistas al servicio de la siniestra conspiración de las fuerzas corruptas contra él y su pueblo bueno.

Seis años de agravios. Ni hablar, son los tiempos que nos tocaron. Un fuerte abrazo a mi querido director Marín. Lo que vivió ayer es también una buena metáfora de cómo los radicales violentos siguen perdidos en el insulto, mientras él los encara, supera y regresa al edificio a preparar una edición más de nuestro diario.

Se necesita mucho más que eso para intimidar a un periodista como Carlos Marín.

La columna de Carlos Marin del dia de hoy:

Cada quien llega como puede

Casi me topo con Andrés Manuel López Obrador cuando él, por avenida Juárez, caminaba rumbo al templete y yo, sobre Balderas, hacia las instalaciones de MILENIO.

Junto al candidato que acababa de o estaba por pasar, entre la multitud que fatalmente yo tenía que sortear para alcanzar la otra acera iba Israel Navarro, reportero de esta casa.

El incidente que siguió a mi cruce entre los marchistas fue tan incómodo que lo registro como simple anécdota. Después de todo (qué bueno), lo que le pase a un periodista casi nunca es relevante… pero sí lo que sucede con los grandes personajes.

La mía fue una tan sorpresiva como incómoda forma de llegar a mi destino comparada con la ilegal pero confortable de que gozó López Obrador para llegar al suyo:

En la estación Hidalgo del Metro, los usuarios de un convoy completo fueron echados a los andenes para que, en la de Bellas Artes, Andrés Manuel y sus seguidores (entre los que iba el tenaz Israel Navarro) se trasladaran hasta la estación Zócalo que, con la misma poderosa diligencia, le fue abierta solamente para que Él bajara.

La columna de Ricardo Aleman en El Universal del día 25 de Junio:

¿Dónde Quedó el Amor?
A una semana de la elección presidencial, la polarización, el odio y la intolerancia parecen llegar a su punto climático.

Y es que, igual que en 2006, el fanatismo político de un sector social identificado con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador muestra signos alarmantes de fascismo, al lanzar insultos, improperios y amenazas contra los que piensan distinto, contra los que disienten y critican al mesías convertido en aspirante presidencial y, en general, a la clase política.

La mañana de ayer domingo, cuando el autor del “Itinerario Político” caminaba con su familia por avenida Juárez —frente al hemiciclo del mismo nombre—, algunos comerciantes ambulantes identificados con Morena lanzaron toda clase de insultos y amenazas, al identificarlo como uno de los periodistas críticos del lopezobradorismo, el panismo y/o el priísmo.

La agresión verbal inició cuando una mujer señaló, a gritos y con la diestra: “¡Ahí va Ricardo Alemán…! ¡Vendido, enemigo del pueblo, traidor, priísta…!”, señal que detonó el insulto generalizado, sin faltar perlas como: “¡Mátenlo al cabrón!”.

Pero aun más ilustrativa de la intolerancia, la polarización, el odio y el fanatismo sembrados por el lopezobradorismo en sus feligreses es la respuesta de decenas de lopistas que, en Twitter, no sólo aplaudieron la agresión, sino que la justificaron —“porque es lo que te mereces…”—, y hasta se sumaron a ella. Por eso la pregunta: ¿ese es el amor y la tolerancia que pregona López Obrador?, ¿esa es la cultura amorosa de los llamados militantes de las dizque izquierdas mexicanas?

Lo cierto es que ante la proximidad de la jornada comicial el reino de la República Amorosa ha exaltado al máximo los ánimos de sus seguidores, hasta niveles no vistos de fanatismo, odio e intolerancia contra todos y todo lo que no se identifique con AMLO y con su Morena.

Y si tienen dudas, otra agresión la padecieron decenas de vecinos de las instalaciones del IFE —en el sur del DF—, a los que pandillas de lopistas que tomaron las instalaciones de esa institución —hace semanas— agredieron a manotazos y patadas en sus automóviles. ¿La razón? “¡Porque son ricos!”.

Queda claro que asistimos a los previos de una peligrosa crisis político-electoral estimulada por la rabia y la desesperación del lopezobradorismo que sabe su derrota y que busca polarizar, confrontar, sembrar odio y, en el fondo, construir un clima generalizado de violencia. Y es que, según los lopistas, su causa justifica todo tipo de agresión, sea a un periodista que piensa diferente, a un ciudadano que no comulga con sus ideas, sea a los que creen en otras alternativas político-electorales.

Y en esa lógica fascista, no creer en AMLO, cuestionarlo, apostarle a otra candidatura son sinónimos de “traición”, “mediocridad” o invitar “al infierno”, entendido como el regreso del PRI. No comulgar con López es argumento suficiente para insultar, ofender, agredir, difamar y considerar al adversario —al que piensa diferente— como enemigo que debe ser exterminado. Y eso, en México o en China, está muy lejos de ser un pensamiento o una cultura de izquierda. Eso se llama fascismo. Y eso es lo que propone el candidato de las dizque izquierdas.

Y si tienen dudas, ¿cómo le llamarían al hecho de que un grupo de vendedores ambulantes, tolerados por el GDF, insulten, agredan, ofendan a un ciudadano —que camina por la calle— por cometer “el delito” de pensar diferente? Esas jaurías, señor López Obrador, son su clientela, su hechura. Y lo reconozca o no, esas prácticas son propias del fascismo. Esos tolerados del comercio ambulante, señor Marcelo Ebrard, son la leva para el choque y el cacerolismo, y nada tienen que ver con un demócrata y una ciudad de libertades.

Y, al final de cuentas, esas agresiones lanzadas contra un periodista que ejerce su derecho de libre tránsito son producto de la satanización que todos los días hace de sus críticos, en la plaza pública, el señor López Obrador, verdadero sembrador de odio y de lo más cuestionable de las prácticas fascistas. Y es que no es posible que un ciudadano que vive de la crítica sea agredido por la turba identificada con un partido y un gobierno, por “¡cometer el delito de pensar diferente y de criticar!”. ¿Esa clase de represión al pensamiento distinto es parte del gobierno que propone, señor López Obrador?

¿Dónde quedó el amor?

EN el CAMINO

Por cierto, cuando reporteábamos en el centro de la ciudad vimos todo el dinero y toda la seguridad para los “chamacos chamaqueados” del #YoSoy132. Mantas nuevas, pancartas nuevas, camisetas nuevas y… vigilancia especial. ¿Quién pompó?