Mostrando una vitalidad asombrosa y rockerísimos, los Rolling Stones deslumbraron a las 65 mil personas que llenaron el estadio de River Plate, en el primero de los dos shows de su tercera visita a la Argentina. Después de cuatro décadas, el simple rock n’roll sigue gustando. Y cómo.

A las 21:49 una presentación animada de tintes retro-futuristas sirvió como introducción, pero el verdadero punto de partida fue la guitarra de Keith Richards: cuando sonó, comenzó el delirio al ritmo de “Jumpin´ Jack Flash”. Como para que quede claro que, si bien la excusa era la presentación de su último disco “A Bigger Bang”, el repertorio de la noche iba a estar marcado por los clásicos de siempre, acto seguido sonó “It´s only rock n’ roll”, mientras en la pantalla principal, de 20 metros de alto, se mostraban imágenes del grupo en sus años mozos.
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Luego de finalizar el tercer tema, “Shattered”, Jagger se puso cariñoso y se animó con el español: “Pasaron muchos años, lo extrañamos mucho”, aseguró. Y aunque pudo tratarse de una mentira piadosa en una cálida noche de verano, a nadie pareció importarle, tal era el estado de encantamiento en el que se encontraba el público con el cantante.

Mientras tanto, en las afueras del estadio y cerca de la entrada al campo, se producían algunos disturbios generados luego de que algunos asistentes derribaran las vallas de seguridad y trataran de ingresar por la fuerza. En este sector había, luego de 20 minutos de comenzado el show, varias cuadras de cola. Fue uno de los pocos momentos en los que la organización se vio desbordada. Pero el show seguía a paso firme.

Luego del aire funky de “Rain fall down”, uno de los pocos temas que tocaron de su último trabajo, el grupo fue hundiéndose aún más en sus raíces negras con temas como “Midnight Rambler”, en una de las versiones más largas y libres de la noche, y “The Night Time Is The Right Time”, de Ray Charles, en el que se lució, como en varios momentos, la vocalista Lisa Fischer.

Richards, ovacionado, se hizo cargo de las voces en dos temas: en el acústico “This place is empty” y en “Happy”, con el que la banda volvió a pisar el acelerador.

A diferencia de otros grupos, la “Patria Stone” atraviesa las edades, las clases sociales y las distinciones de género. Todos caen a los pies del carisma pícaro de Mick Jagger, del porte rocker de Keith Richards, de la sencillez desfachatada de Ron Wood y de la seductora sobriedad de Charlie Watts. Y de sus canciones inoxidables, claro. Y eso es lo que entregan en la última parte del show con “Miss you”, “Honky tonk women”, “Sympathy for the devil”, “Paint it black”, “Brown sugar” y “You can’t always get what you want”.

La primera parte de esta andanada de hits fue interpretada en un pequeño escenario que se desplazó, con la banda tocando, hasta al centro del campo: un reacomodamiento que le vino perfecto a aquellos que no estaban ubicados tan adelante.

El cierre fue a toda máquina: con Jagger cantando “Satisfaction” con la camiseta argentina y con fuegos de artificio. Afuera del set, de poco más de dos horas y 20 temas, quedaron clásicos como “Angie”, “She’s so cold” o “Wild horses”. Pero lo entregado no fue, de ninguna manera, poco.

via La Nacion