Es extraño como la asociación de las cableras critica la infraestructura de Telmex para dar el triple play, pero nunca he oído que diga nada de las fallas de Cablevision que tiene con su banda ancha y otros de sus servicio que vivimos diariamente, yo personalmente he mandado varios correos y nunca han tenido la molestia de responderos, quizás no sepan como.

Aqui la nota:

La Cámara Nacional de la Industria de Telecomunicaciones por Cable (Canitec) aseguró que Teléfonos de México (Telmex) no cuenta con una red capaz de brindar servicios de calidad triple play, es decir, telefonía, Internet y televisión restringida, debido a su limitada infraestructura.



Al referirse a las declaraciones del director de Comunicaciones y Alianzas Estratégicas de Telmex, Arturo Elías Ayub, en las que al parecer reconoce que la firma es incapaz de brindar esos servicios con calidad, como lo hace la industria por cable, la Canitec señala que ese argumento es cierto.



Argumenta en un comunicado que Telmex carece de una red de banda ancha, lo que revela su “virtual saqueo” de utilidades e insuficiente reconversión de la red que le fue vendida por el gobierno federal en la privatización.

Las utilidades de las excesivas tarifas aplicadas en México no fueron reinvertidas en la red de más de 120 mil kilómetros, sino retiradas para dirigirlas a otros países y aumentar así la riqueza de sus propietarios, critica la Canitec.

Por ello, hizo un llamado a los consumidores y a autoridades de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), así como de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), a supervisar la calidad del servicio de la empresa de Carlos Slim.

Contrario a lo que hizo la telefónica, expone el comunicado, las empresas de telecomunicaciones por cable han invertido de forma constante en una red de 90 mil kilómetros, en su totalidad de banda ancha, con capacidad para brindar los servicios referidos, “muy superiores a los de Telmex, como su propio vocero reconoce”.

Notimex / El Economista