Luego de haber “fundado y fundamentado durante cinco años” el Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (Ficco), el equipo encabezado por Paula Astorga (quien era la directora de este encuentro) por medio de una misiva, se deslindó definitivamente “de Cinemex y del nuevo equipo que conforma el festival”.


Los miembros de ese grupo de promotores del cine que no se ve comercialmente aseguraron en la carta que “la empresa que auspicia al Ficco, Cinemex, bajo una nueva dirección general, tomó una serie de decisiones contrarias a la evolución natural del festival, por lo que el equipo perdió interés al notar la tecnocratización a la que se estaba llevando al encuentro y con pleno conocimiento de la estructura ideal que un festival de la naturaleza” de éste requiere.

En la carta aseguran: “El Ficco alimentó la vida cultural de la ciudad de México como nunca antes lo había hecho ningún otro festival o muestra. La naturaleza que guió el proyecto fue la promoción masiva de la expresión cinematográfica, liberada de los miedos y prejuicios que tanto afectan la libertad del cine. El público, expuesto a la insuficiente oferta cultural cinematográfica y sobre todo a la alienante cartelera del entretenimiento comercial, adoptó al festival como suceso fundamental de su calendario con una asidua asistencia que fue aumentando año tras año. Recibió en poco tiempo el reconocimiento nacional e internacional de directores, productores, distribuidores, instituciones culturales, centros educativos, prensa especializada y empresas privadas.

“El Ficco gestó una iniciativa con identidad propia que defendía ante todo su compromiso social con la creación cinematográfica. El conjunto ideó un modo de trabajo que permitió al festival existir en el seno del corporativo de esta exhibidora, misma que auspicia el festival. Al término de la quinta edición, la empresa, bajo una nueva dirección general, tomó una serie de decisiones contrarias a la evolución natural del festival… El que construimos defendía la dignidad del arte y su existencia, y estos valores no pueden existir en este nuevo contexto”.

De todos modos “agradecemos a todo el equipo que integró al festival durante sus cinco años. Agradecemos también a todos los hicieron posible el festival, nuestros cómplices, los espectadores, los participantes, los colaboradores, los voluntarios y a todos los que creyeron y ayudaron a alimentar la utopía”. La Jornada