El discurso de López Obrador desde que hacia campaña era ser muy cuidadoso en como referirse a los narcos, siempre los trató bien y nunca puso calificativos a ellos, lo que si hacia con medios de comunicación, periodistas y políticos. Siempre aducía que terminaría con la violencia combatiendo la corrupción y la pobreza.


Tras la matanza de policías en Michoacan hace unos pocos días, ayer en Culiacan se detuvo al hijo del Chapo Guzman, Ovidio Guzmán López y inicio como ya es costumbre y como ya ha pasado en otras detenciones una movilización de narcos para liberar al detenido, solo que a diferencia de otras ocasiones el gobierno doblo las manos, no sabemos si por miedo o por dinero y complicidad.

Así pues se consumó uno de los mayores ridículos en la historia, equiparable a la fuga del Chapo de Almoloya, con la diferencia que ahora fue el mismo gobierno quien ordeno la liberación de un narcotraficante con orden de extradición a los Estados Unidos.

En su tradicional conferencia de prensa, Andres Manuel dijo que los tiempos de la masacre habían terminado, ignorando lo que había pasado en Aguilillas hace tan solo unos días.